Las 10 Leyes de la Simplicidad: 01 Reducir

“Menos es Más”, conceptos minimalistas que se han puesto moda tienen respaldo en esta primera ley, Reducir: La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada. (*)

¿Alguna vez te pusiste a pensar en la enorme cantidad de cosas que existen y que son muy pocas veces utilizadas?, y ni qué decir respecto a los inventos que más tardaron en ser creados que en desaparecer del mercado. Pues resulta que el afán de querer encontrar satisfacción a las múltiples necesidades “Inexistentes” andamos procurando añadir “funcionalidades” a nuestras creaciones o productos para que sean mágicas, una suerte de “Todo en Uno” que lo único que consigue es complicar lo que de por sí ya tiene complejidad. Buscamos resolver lo complejo añadiendo mayor complejidad… no tiene mucho sentido ¿verdad?

¿Cuántos pies tenemos?… dos. ¿Y por qué tenemos tantos pares de zapatos? Es hora de ponernos a pensar en todo lo que podremos ahorrar si reducimos la enorme cantidad de ropa que tenemos en nuestros armarios. No la necesitas… hay gente que con seguridad le dará un mejor uso.

Decíamos la primera vez que escribimos sobre estas leyes respecto a la reducción “Mientras menos atributos tenga un objeto, será más sencillo poderlo comprender.” Y ocurre de esa manera precisamente, se aplica tanto a personas como a objetos inanimados e inclusive a conceptos o teorías, entendiendo el término objeto como “toda persona o cosa a la que va dirigida una acción o pensamiento”.

El término funcionalidad que utilizamos líneas arriba, lo usamos para referirnos a las capacidades que el objeto tiene o los problemas que es puede resolver. (En términos de programación, las funcionalidades representan los usos que se le pueden dar a un objeto).

Entonces mientras más nos sigamos extendiendo, más complejo se volverá este post y empezará a dar evidencias de desconocimiento, porque la capacidad de “reducir” y “simplificar” algo implica un conocimiento profundo de aquello que se busca dar a entender.

Quisiera también aclarar que ser “simple” no significa ser “ordinario” y que si piensas que algo no es necesario, probablemente no lo sea así que no lo pongas. Por esa razón termino este post y me despido.

¡Hasta la próxima!

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(*) John Maeda. (2006). Las leyes de la Simplicidad. Página ix.

Imagen destacada de esta publicación: Foto de Kaique Rocha

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